por gabrielazavala.com

Somos mañana de domingo

mayo 27, 2026 | Blog

Somos mañana de domingo.
Ese es nuestro ritmo más propio, más auténtico y más humano...

¿Te has dado cuenta cómo estás en una mañana de domingo? ¿Cómo se mueve tu cuerpo, cómo están presentes tus sentidos?
La prisa que siempre está pisándonos los talones se ha ido... y entonces quedamos nosotras, dueñas y dueños de nuestro día... de esa sensación de libertad que huele a brisa de mar o a tierra mojada. Ahí estamos, habitando nuestros rincones a nuestra pura forma.
Ahí estamos. Verdaderamente estamos.
En esa mañana suave de café pausado, donde pareciera que los pájaros cantan más fuerte... (aunque en realidad lo que pasa es que estamos presentes para escucharlos...)
 
Esa mañana donde miramos el cielo, sentimos la temperatura, nos damos cuenta del color que tiene la luz que entra por la ventana...
Estamos.

Hemos creído e integrado muy profundamente a nuestra vida, la creencia de que no tenemos tiempo, que no nos alcanza el día, que ya vamos tarde otra vez... Esa sensación de una carrera que no tiene principio ni final...

¿Alguien sabe a dónde tenemos que llegar?

Desde nuestra infancia temprana se ha ido generando ese impulso que nos saca de la presencia, nos apura alejándonos de la posibilidad de observar lo que sucede delante, detrás, al lado... y sobretodo... por dentro... dejándonos la sensación de que no hay tiempo para lo que deseamos. Como cuando caminábamos por la calle y queríamos detenernos en cada insecto, piedrita o charco que nos salía al encuentro... pero la mano de un adulto marcando otro ritmo, nos iba llevando.

Quizás no lo recordamos, porque la mayoría de experiencias de los primeros años suelen pasar por la llamada "amnesia infantil", pero en algún lugar de nuestro cuerpo está grabada la memoria de aquel estado donde contemplábamos el mundo, en una mañana de domingo permanente.

En la infancia la conexión con lo que el cuerpo nos pide es maravillosa, la presencia del presente habitándolo todo... y tenemos la capacidad para traernos de vuelta, a eso que sigue latente en nuestro interior... Lo recordamos aquellas mañanas de domingo, donde nos permitimos "amodorrar" los pendientes, y dejarnos transportar por el vaiven de nuestro ritmo natural, único e irrepetible, orgánico como La Vida misma....

Retomar las mañanas de domingo, al menos en algunos momentos durante la semana, es una pequeña y necesaria reivindicación para la conquista de nuestro BienEstar. Tu cuerpo y tu alma reconocen ese ritmo, aquél que nos regresa a casa.

La conciencia de esa lentitud; la ducha larga, o poder darnos cuenta cómo el cuerpo se acomoda en la silla o en el sofá. La atención puesta en ese sabor nítido de la mantequilla, que se deshace por ese pedazo de pan recién tostado.
Sentir nuestra energía, nuestro hacer lo que nos da la gana, la distensión de la sobremesa cuando repetimos el café o ponemos mermelada a otro trocito más de pan.

¿En qué momento todas las demandas se giraron fuera de nosotras? ¿Cuándo fue que comenzó a ser "egoísta" el deseo de ir más lento, el deseo de parar? ¿Dónde la exigencia de producir se asumió como la única forma posible de mirarnos?


Presencia bendita de mañana de domingo. Ese es nuestro derecho de nacimiento.
Que nada ni nadie nos lo arrebate. 

Sobre la autora, gabrielazavala.com

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